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¿De verdad los aranceles explican el déficit comercial de EE. UU.?

Si has escuchado que el déficit comercial de Estados Unidos se debe a los aranceles injustos o a barreras comerciales impuestas por otros países, hoy te traemos un argumento diferente. Uno que desmonta este mito observando dos sectores clave: la industria farmacéutica y la de semiconductores. Spoiler: en ambos casos, los aranceles son ya cero.

El mito de los aranceles

Primero, aclaremos algo fundamental: no hay diferencias arancelarias significativas entre EE. UU. y sus socios comerciales cuando hablamos de chips o medicamentos. Ambos sectores operan en un régimen de libre comercio, al menos en términos arancelarios. Tampoco existen grandes barreras no arancelarias que frenen la entrada de productos estadounidenses.

Entonces, ¿por qué EE. UU. sigue teniendo un déficit comercial en estas áreas? La respuesta no está en las tarifas comerciales, sino en otros factores más profundos.

¿Qué está pasando en el sector farmacéutico?

En el caso de los fármacos, el déficit alcanza un 0.5% del PIB, a pesar de que no existen barreras arancelarias significativas. La clave está en la fiscalidad y la deslocalización de la producción. Las grandes farmacéuticas de EE. UU. han encontrado maneras legales de eludir el pago de impuestos corporativos al mover su producción e incluso la propiedad intelectual al extranjero.

¿Por qué fabricar en EE. UU. cuando puedes hacerlo en Irlanda, pagar menos impuestos y luego exportar los medicamentos de vuelta a América? Esto no solo es una estrategia fiscal, sino una decisión estratégica de diseño: muchas de estas empresas fabrican los medicamentos para todo el mundo fuera de EE. UU. Así que incluso si el gobierno implementara protecciones más largas a las patentes, no se verían más medicamentos producidos en suelo estadounidense.

El caso de los semiconductores: ¿quién manda en el mercado global?

La situación con los semiconductores es algo distinta, pero sigue un patrón similar. El dominio de países como Taiwán y Corea del Sur en la fabricación de chips no es casual. Es el resultado de políticas industriales muy estratégicas implementadas por los gobiernos de estos países.

Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) es el ejemplo más claro de cómo una política industrial efectiva puede posicionar a un país como líder mundial en la fabricación de chips de última generación. Aunque las empresas como NVIDIA o Qualcomm diseñan chips en EE. UU., el control sobre la fabricación ha quedado en manos de otros países.

Y a pesar de que las políticas fiscales pueden influir en la ubicación de la fabricación, la diferencia no es tan significativa como en el caso de la industria farmacéutica. Las exportaciones de chips estadounidenses no se ven frenadas por aranceles, salvo en el caso de China, que ha comenzado a evitar pagar por la propiedad intelectual «heredada».

La clave: política fiscal y estratégica industrial

Entonces, ¿qué está detrás del déficit comercial en estos sectores? No son los aranceles. La solución no pasa por eliminar barreras comerciales que ya no existen, sino por tomar decisiones clave en el ámbito fiscal e industrial.

  1. Reforma fiscal: Es necesario eliminar las provisiones fiscales que incentivan la deslocalización de la producción farmacéutica, como las que fueron introducidas por la Tax Cuts and Jobs Act de 2017.

  2. Política industrial coherente: Implementar políticas como la CHIPS Act, que busquen impulsar la producción de semiconductores en EE. UU. y evitar perder el tren de la innovación tecnológica.

  3. Reequilibrio de monedas: Proponer mecanismos, como un nuevo tipo de cambio para el dólar taiwanés, que incentiven a empresas como TSMC a invertir fuera de su país.

Conclusión: más allá de los aranceles

Este análisis muestra que los problemas estructurales del comercio estadounidense no se deben a aranceles injustos ni a barreras comerciales, sino a decisiones estratégicas tomadas (o no tomadas) por EE. UU. en décadas pasadas.

La historia es mucho más compleja de lo que muchos predicen. A veces, la respuesta no está en una guerra comercial, sino en una reforma fiscal y una política industrial más ambiciosa y con visión a largo plazo.

Autor: Equipo de la VisualFaktory

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